Pensar el teatro
En el marco del VI Festival de Teatro Alternativo se llevó a cabo, entre el 13 y el 15 de abril, el I Encuentro de Teatro Colombiano y Latinoamericano, organizado por Patricia Ariza y Beatriz Rizk.
Reunió a investigadores, críticos, historiadores y teatristas nacionales e internacionales. Entre las figuras más destacadas caben nombrar a: Vivian Martínez Tabares -directora de la revista cubana Conjunto-, Carlos Dimeo –docente e investigador de la Universidad de Carabobo de Venezuela-, Jacqueline Vidal -directora del Teatro Experimental de Cali-, Santiago García –docente, investigador y fundador del Teatro La Candelaria de Bogotá- Gilberto Martínez -dramaturgo y director de la Casa de Teatro de Medellín- Patricia Devesa –docente, investigadora y crítica del Centro Cultural de la Cooperación de, de Artes Escénicas y de la Universidad de Buenos Aires- y Hilda Saray – miembro de la Asociación Mexicana de Investigación Teatral e investigadora de la Universidad Iberoamericana de México-. Presentaron trabajos sobre diversos temas relativos al quehacer teatral: el estado de las artes escénicas colombianas y latinoamericanas; las nuevas tendencias; el teatro y la política; el discurso pos-colonial en el teatro latinoamericano; la tensión entre globalización y cultura y globalización y teatro; el teatro y los medios de comunicación; las formas de creación, organización y metodológicas en el teatro de América latina (grupos, creación colectiva) y el arte y el patriarcado.
Hacia el cierre del Encuentro en el Teatro La Candelaria, se realizó una Mesa de directores de teatro coordinada por Gustavo Geirola –autor de los libros Teatralidad y experiencia política en América Latina y Arte y oficio del director teatral en América Latina (2004), fruto de la investigación en la labor de algunos directores de nuestro continente-, en la que participaron, entre otros, Carlos Satizábal, Patricia Ariza y William Fortich. A partir de sus intervenciones se pude reconstruir el estado actual del teatro y el rol del director en su contexto cultural y socio-político.
La presencia continua del público es un detalle a tener en cuenta en estos espacios. Contó con una concurrencia constante de 200 personas, interesadas tanto en recibir información como en reflexionar, intervenir y debatir – los momentos de mayor polémica giraron entorno a quiénes tienen la capacidad de ser artistas –si es exclusivo para una “elite”-, la gente común como hacedora de sus propios bienes culturales y el arte como herramienta transformadora y su incidencia en la praxis social-.
En definitiva, un evento que favoreció el diálogo entre artistas e investigadores, una modalidad poco frecuente en los festivales que debería tomarse en cuenta.
Patricia Devesa
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