Principal| Ensayos & Artículos | Dramaturgia | Crítica Teatral | Dirección | Teoría y Técnica Teatral | Números Anteriores | Contáctenos | Links | Pedagogía Teatral


dramateatro revista digital - número 12 /tercer año - Mayo/Agosto 2004
revista de investigación y creación teatral
República Bolivariana de Venezuela

Maracay, Estado Aragua

PRIMERA REVISTA DIGITAL DE TEATRO EN VENEZUELA

SAMUEL BECKETT: MENOS EQUIVALE A MAS

BECKETT, LA NOCHE, LAS SOMBRAS
Por Rafael Pérez Gay

Este asunto empieza en una disputa con la noche. De esa discordia salí perdedor definitivo en todas las batallas nocturnas. Era algo más, o algo menos, que el insomnio; los médicos lo llaman sueño alterado. Con desesperante complejidad, la oscuridad ofrecía ahogos, angustias ingobernables, culpas colosales y la sensación, al borde de la cama, con las manos en la cabeza, de ser una pérdida para quienes nos quieren, pero por encima de cualquier cosa para uno mismo. Como no creo en el psicoanálisis, camino largo y dudoso para salir del laberinto de la noche, en una especie de ceremonia secreta hice mis propias armas para pelear despierto en la oscuridad y el silencio.

En esas noches borrascosas recordaba el principio de La guerra de Galio, la novela de Héctor Aguilar Camín: "Odio la noche. Su llamado condensa casi todo lo que he buscado apartar de mi vida: la irregularidad y el exceso, el miedo, las obsesiones que suspenden la certeza de nuestra convivencia civilizada, única sed de mi temperamento diurno, amante de la luz y del orden, y de las nobles geometrías que engendra la razón".

Recordé estas líneas durante disputas interminables; las recordaba como un conjuro. Pero a las tres de la mañana, en medio de un ahogo, esas líneas magníficas no eran suficientes. Yo odiaba la noche, pero sobre todo la temía. Decidí entonces agregar un libro que me llegó por el camino de varios azares que agotaron su poder contingente la mañana en que tuve en las manos La noche. Una exploración de la vida nocturna, el lenguaje nocturno, el dormir y el soñar, del escritor inglés A. Álvarez.

Por supuesto, disponía para el pleito con la noche de Esa visible oscuridad, de William Styron. Pero pese a la profundidad terrible del ensayo y a su iluminadora capacidad reflexiva, mi caso tocaba otra frontera. Las apariciones nocturnas me abatían por la noche, pero la luz de la mañana desvanecía el hechizo como si no hubiera ocurrido nada una horas atrás.

Para mis trifulcas con la noche necesitaba, en especial, un pasaje de la vida de Samuel Beckett que según yo había leído tiempo atrás en la biografía de Deirdre Bair. En mi memoria aquel pasaje tenía que ver con la crueldad de la noche. Entonces fui a buscarlo en medio de mi querella con la mitad de la vida.

El diván

No tuve que buscar demasiado, ahí estaba: a finales del año de 1933, según relata su biógrafa Deirdre Bair, una noche interminable envolvió la vida de Samuel Beckett. Los médicos de la familia ya se habían enfrentado a los abscesos, forúnculos, gripas y dolores en las articulaciones que tiraban a Beckett durante varios días en la cama. Geoffrey Thompson, médico de la familia, estaba convencido de que las erupciones de la piel tenían un origen psicosomático, pero se trataba sólo del principio. A mitad de la noche Beckett se despertaba empapado en sudor y con el corazón desordenado cobrándole todas sus cuentas pendientes. El pánico no era menor que los ahogos y la certidumbre de la muerte. En esos días Beckett no podía dormir si su hermano Frank no lo acompañaba durante sus pesadillas.

Y entonces mandaron a Sam al psicoanalista. May, su madre, no quería que esa vergüenza cercana a la locura fuera del dominio público y en lugar de enviarlo a Dublín, donde los amigos se enterarían de que su hijo era un loco autodestructivo, decidió pagarle los gastos de una estancia de seis meses en Londres. No es la primera vez que la vergüenza de una madre cambia la vida de un hijo. A Beckett le bastó una mirada alrededor de Londres para cambiar su destino. La verdadera pesadilla era Irlanda en los años treinta del siglo XX. Hijo de una familia burguesa y protestante, Beckett había crecido al margen de la gran ciudad; su padre se estableció en Foxrock, en las afueras de Dublín. El joven Beckett había estudiado en las mejores escuelas de Irlanda y su destino era la institución académica más prestigiada, el Trinity College. En 1928 llegó a ser profesor del Campbell College, en Belfast, y un poco más tarde, lector de inglés de la École Normale Superieure.

¿De modo que el gran Beckett tenía sus problemas con mamá, su hermano mayor, Irlanda y sus desesperados deseos de ser escritor? En efecto, pero estas cosas que le pasan a todas las personas, no le ayudan a nadie a dormir de corrido una cuantas horas sin los suplicios de una navegación nocturna perdida en tormentas del fin del mundo.

A principios del año de 1934, Beckett debutó en el diván del doctor Wilfred Ruprecht Bion y puso su casa en 48 Paulton Square, cerca de King’s Road, en Chelsea. Mientras algunas revistas publicaban sus más tempranos trabajos de traducción, en su atormentada soledad Beckett trabó amistad con el escritor Tom MacGreevy. Como si las noches hubieran pactado una tregua con sus veintiocho años, su dimisión del Trinity College y sus fracasos literarios, Beckett publicó en mayo un libro de relatos, More Pricks Than Kicks. El Dublin Magazine lo envenenó con un falso elogio: "Mr. Beckett es astuto como
un chimpancé, conoce su Ulises como un presbítero escocés conoce la Biblia".

El libro fue prohibido en Irlanda por la alusión sexual del título (algo así como Más pitos que flautas). Beckett mandó su libro como una botella al mar de James Joyce: "Beckett publicó su libro More Pricks Than Kicks. No había podido leerlo, pero lo hice en París. Beckett tiene talento...". Talento y muy pocos lectores: de la edición de mil quinientos ejemplares, el libro vendió quinientos. Entonces Samuel Beckett hizo lo que tenía que hacer: dormir muy poco, entregarse al trago como un marinero irlandés y dedicarse al periodismo literario para sostenerse en Londres. La idea central de los diez relatos que formaban More Pricks Than Kicks provenía de una concentrada lectura de La Divina Comedia. De esa lectura Beckett extrajo el boceto de un personaje que nunca lo abandonaría, Belacqua. Dante sitúa a Belacqua en la entrada del Purgatorio; el laudista castigado debe pasar en esa antesala el tiempo que ha vivido antes de ser aceptado. Debe pagar por la frase que, en vida, justificaba su haraganería: "Sentado y en reposo el espíritu se hace más sabio". En La Divina Comedia, Belacqua espera a la sombra de una roca, en posición fetal. El primer personaje en forma que Beckett inventó, Belacqua Suha, un obsesivo lector de La Divina Comedia, aparece por vez primera en un relato fallido que se publicaría muchos años después, Dream of Fair to Middling Woman. De este relato se desprendieron dos cuentos: "Text" y "Sedendo et Quiesciendo".

Una visita a Eliot

Una noche de ese año funesto de 1934, MacGreevy le sugirió a Beckett que se encontraran con T. S. Eliot para pedirle que los invitara a colaborar en su revista, The New Criterion. Como la mayor parte de los escritores irlandeses de su generación, Beckett detestaba la poesía de Eliot. La reunión resultó un fracaso rotundo. Cuando se despidieron, ambos sabían que no volverían a verse nunca más. A pesar de aquella tarde intolerable, Beckett escribió una breve reseña sobre la traducción que Leishmann había hecho de los Poèmes de Rilke. Eliot la publicó y Beckett jamás volvió a buscarlo. A pesar de las noches, los problemas urinarios que le impedían orinar sin dolor y las erupciones de la piel, Beckett se dejó guiar en las tinieblas por un conjunto de poemas que terminó ese mismo año, Echo’s Bones, trece poemas más oscuros que la noche, de una erudición inexpugnable en sus referencias secretas y privadas.

En los días de mi disputa con la noche insondable, para usar un adjetivo beckettiano, leí Los huesos de Eco como la búsqueda impaciente de un hombre perdido en la noche y en espera del destello triunfal de la mañana. De eso trata "Da Tagte es" ("Entonces amaneció"), escrito en alemán en el original. Escribí entonces mi propuesta de versión:

redimir los adioses renovados
una corriente de agua retenida en tu mano
quien nada tiene ya para la tierra
y el cristal no empañado enfrente de tus ojos

Entendí que era un poema que contaba el paso de la noche al amanecer. El descubrimiento no me sirvió para escapar del miedo a la noche, pero el encuentro de nuestros espantos en escritores que hemos admirado siempre es un sedante en las horas más altas de la madrugada.  


Principal | Dramaturgia | Dirección | Teoría y Técnica Teatral | Números Anteriores | Contáctenos